El Discurso Científico y el Impasse de la Psicología.

O el silencio de los pacientes


Dado el avance de las ciencias y de las tecnologías afines, muy especialmente en los últimos 150 años, la (primariamente) disciplina psicológica ha sido empujada desde sus albores a la cientifización: a la corroboración de lo etéreo de su objeto de estudio en el campo de las verdades formales, donde la empiria sirva de comprobación, materializando una práctica que se establece y ampara en el marco del método científico.

La definición del objeto de estudio es, entonces, una cuestión capital en el proceso, casi exigido por la época, de hacer una ciencia de la psicología. Éste es, pues un caso sui generis en la historia de la génesis de las ciencias, pues nunca como en el caso de la psicología, el método ha antecedido a la definición de un objeto al que se quiera estudiar, y menos ha planteado la forma de definición de éste. Por ejemplo en el modelo de las ciencias físico naturales, siempre hay un objeto que causa una pregunta y luego se desarrolla un método que dé cuenta de la forma correcta de operar sobre esas circunstancias. Aquí el problema es inverso: se hace encajar un objeto al método.

En cuanto al objeto en sí, se tiene la certeza de que pertenece al rango de lo humano, pero es una dificultad conceptual harto compleja delimitar ese rango; se nos abre un orificio que demanda ser atendido y donde se posa la practica psicológica como respuesta, con todas sus variantes. No hay nada que llene de forma natural el vacío: el paradigma único se muestra como una inconsistencia radical.

Pese a ello se aspira a él, y grandes ramas de la psicología se cobijan bajo la premisa del bien hacer del ideal, dándoles a sus conceptos y métodos el membrete de “científicos”, dejando fuera a todos los demás. Este es un problema que ha mermado las posibilidades de desarrollo de la psicología en general, dado que según la mirada positiva, las construcciones humanistas, transaccionales y psicoanalíticas se reducen a “especulaciones”, modelos “apriorísticos” y “no comprobables”. Se arma entonces en el lugar del debate un lío de sordos, donde no existe la mas mínima comunión conceptual y por lo mismo, no hay ningún producto que valga la pena, mas que la propia práctica.

La imposibilidad de construir una psicología con paradigma único, se opone a la idea de ella como una ciencia natural, y se origina un problema dado que el paradigma científico nace del desarrollo paralelo de las ciencias físicas y naturales, en las que la experiencia prima por sobre lo demás y es por eso que una teoría tiene un mínimo de respetabilidad en su intento de encontrar una explicación a un suceso.

Adaptar al hombre al paradigma positivo puede ser riesgoso dado el riesgo de que el objeto sea deformado por el método que lo delimita, y en este caso lo constriñe a su necesidad. Desde el laboratorio de Wundt y su inauguración de la psicología científica ha pasado mucho, y su introspección parece haber sido victima de la ciencia experimental. El problema del objeto cobra todas sus victimas en este punto.

En la actualidad se puede ver un intento desesperado por llevar el problema de la psique a lo más biológico, a un registro donde se pueda “operar” con seguridad y eficacia cercana al ciento por cien. Cada día se hace mas “ineficaz” el habla del sujeto, y las curas se ven reducidas a una técnica puntual.

Los avances de la neuropsicología y la genética apuntan a un mundo donde la palabra no tenga mas lugar, pues ya ha sido satisfecha de antemano la demanda que la produce; por detrás, el mercado, una vez mas, teje el entramado feliz donde el ser humano tiende cada vez mas a quedar enredado: “te doy lo que quieres, pero callas”. La oferta desmedida, acalla la demanda de saber, una producción a la que se apuntaba desde los presocráticos, y desde el paradigma científico como herramienta de saber. El sujeto queda borrado y plegado a una decisión externa, alguna respuesta que lo “cure”, o la aplicación de un saber para suturar el agujero que se presenta como objeto de estudio (o de deseo).

Emparentamos entonces en la época actual al discurso del capitalismo con el discurso científico, donde el hombre se torna a cada paso más un cuerpo sin voz.

La psicología en si va perdiendo terreno, cediéndolo al modelo medico, que en muchos casos responde a la necesidad del mercado de “dar soluciones rápidas”, la psiquiatría y la conserjería social pueden dar cuenta de esto, en especial en la perspectiva actual de “integralidad” en que las aseguradoras planean terapias puntuales, como la aplicación de un saber, más que de una producción del sujeto.

El discurso científico se encuentra dando la respuesta, intentando impostar algo de su saber. En las ultimas semanas fueron celebres las investigaciones acerca de la eliminación del sufrimiento amoroso y del borramiento selectivo de memoria, vía neurotransmisores. Nadie puede negar que esto sea una realidad posible, pero la ética que se pone en juego, ni siquiera se nombra, está afirmada como una presencia tácita bajo la sombra del plus con que se enamora al hombre actual.

Pero esta repetición sistemática de la satisfacción o la venta de la esperanza traen sus propios síntomas en la clínica, y de allí se desnuda algo del propio deseo del sujeto que no puede ser capturado: el gozar ciego de las respuestas “correctas” no es suficiente, hay algo que se quiere equivocar, hay algo fuera del sistema y no se sabe qué es. ¿La dimensión humana podría ser introducida en el modelo científico?.

Queda esta pregunta como impasse, pues la relación entre lo cuantificable y lo que no lo es, lo valido y lo falso no son más que ideales a los que el científico se puede abrazar. Ampararse en el habla psicométrica es un claro ejemplo de esto. No hay investigador, sino solamente investigación.

La Psicología como Ciencia

Podemos reconocer que la psicología actual tiene multiplicidad de objetos y métodos correspondientes para tratarlos. Por lo pronto la cuestión general de si la psicología es una ciencia o no es evidente que no pueda ser respondida por la afirmativa o por la negativa en relación a la psicología en su conjunto.

Dada la alta dispersión teórico-epistemológica que la disciplina presenta, sólo cabe analizar cada una de las orientaciones teóricas que adoptan para sí mismas el nombre de "psicología", aunque se identifiquen con otras expresiones, como el conductismo o la psicología humanista.

Lo mas cercano que tenemos para nombrar a la psicología, entonces como científica es el paradigma positivista. Éste supone una concepción de la realidad que históricamente se identificó con lo que filosóficamente puede denominarse "materialismo".

La realidad es, en definitiva, realidad material y nada existe fuera de la materia. Este materialismo burdo alcanzó su pináculo durante el siglo XIX y, si bien fue superado por los avances de la física durante el siglo pasado, se incorporó como un elemento esencial de la cultura moderna: racionalista y cientificista, que deja como corolario la siguiente sentencia: “El conocimiento sólo puede ser tal en la medida que expresa la realidad; ésta es de naturaleza material, en consecuencia sólo puede haber un conocimiento posible: el que describe y explica los procesos materiales, o reductibles, en última instancia, a los mismos”.

Esta máxima positiva, deja como resultado una visión ontológica bastante cruda: “Si la realidad es material, la única posibilidad de acceso a ella es por/a través de los sentidos, por lo que el único modo legítimo de fundamentar el conocimiento es por medio de la verificación empírica, esto es, a partir de rigurosos procedimientos (método científico) de constrastación de los enunciados con los hechos, es decir, con los fenómenos y procesos de los cuales puede tenerse "evidencia" empírica”.

¿Dónde deja al hombre esta visión posmoderna del sujeto y del saber?, la pregunta se extiende y no deja mas espacio de respuesta que la ética del uno por uno; una separación que responsabilice al sujeto, de eso que accede a tomar para sí, la respuesta se anima a asomar en el lugar que la ciencia no puede ver.

El tema de fondo sigue en pie, y el forado que originó la nueva ciencia también, pues no hay un paradigma que de cuenta de la psique, aunque la psicología cada vez adopte mas el modelo alienatorio del amo.

Lo que deja pensar en esta cuestión de la ciencia y la tecnología se nos revela como una interrogante a tratar como dirección. La dirección de la cura, y la ética puesta en juego en ella.